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11/05/2010.-

Por Julián Serulle.- 

Escuché a mis padres decir que á este mundo llegué a eso de las 8:00 de la noche del 6 julio de 1946, en la ciudad de San Francisco de Macorís, común cabecera de la provincia Duarte, en la casa marcada con el número 2, de la calle La Cruz. Mi madre, María Virginia Ramia, quien falleció a sus 54 años, estuvo acompañada por una señora llamada Emelinda Cabral, que más luego resultó ser mi madrina. Cuando hago referencia a la compañía de esta señora es, que ella fue la comadrona que ayudó en el parto. Hay personas que no saben quién fue la comadrona, fíjate, era quién hacia las veces de partera o de un doctor en medicina.

 La comadrona, ejercía su función en forma empírica, es decir, no estudió medicina, no tenía el más mínimo concepto en como dar respuestas a casos de alta emergencia, por ejemplo, ¿Qué hacer ante determinada posición de la criatura en el vientre de la madre?

 Para ese entonces, sin descartar que hoy todavía lo vemos en muchos lugares de nuestro país nuestras madres parían y siguen pariendo sin presencia de los médicos y se recurría a los métodos más rudimentarios. Recuerdo, como le quitaban el mantel a la mesa y acostaban a mi madre en la posición correspondiente entremezclada con las pujas que reclamaba la comadrona y ponían a hervir agua, para esterilizar un cuchillo o una tijera con la cual se cortaba el cordón umbilical. En una ocasión y cuando llegó mi última hermanita, como te diré en un momento de nuestro andar, la última partera que conoció mi madre llegó a cortarle con la tijera parte de su vulva. Todo eso nos dice que la vida de la madre como de la criatura por nacer se encontraban en constante peligro; de ahí que; un porcentaje alto de nuestra madres morían ó dejábamos de tener la suerte en observar el rostro de la criatura que anhelábamos tener en nuestros brazos. No te imaginas la cantidad de mujeres que hoy siguen muriendo al momento del parto, nuestros campos como en las montañas no contamos con médicos que ofrezcan la garantía en la salud.

 Mi madre, para procrearme, sintió el amor de un hombre que fue su vida y adoración, de ese amor acompañado de la motivación carnal, nací yo, queriendo decir, que mi padre se llamó Ángel Gabriel Serulle.

 Mañana, te diré quien fue Ángel Gabriel, a su vez no dejaré de reconocer y decirte los elementos tan bellos que vibraron en la existencia de mi hermosa madre.

 Por Julian Serulle.-

Escuché a mis padres decir que á este mundo llegué a eso de las 8:00 de la noche del 6 julio de 1946, en la ciudad de San Francisco de Macorís, común cabecera de la provincia Duarte, en la casa marcada con el número 2, de la calle La Cruz. Mi madre, María Virginia Ramia, quien falleció a sus 54 años, estuvo acompañada por una señora llamada Emelinda Cabral, que más luego resultó ser mi madrina. Cuando hago referencia a la compañía de esta señora es, que ella fue la comadrona que ayudó en el parto. Hay personas que no saben quién fue la comadrona, fíjate, era quién hacia las veces de partera o de un doctor en medicina.